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a esta hora/ me vendrían bien/ un cigarro/ un trago/ y un "sí"/ guardianes carroñeros/ detractores de la fragilidad acumulada/ empeñados en el sentido de las palabras/ el lenguaje se transforma/ en meras arcadas de asco/ y el resto de lo sagrado/ en bromas maliciosas/ la náusea lo contamina todo/ la urea nos paraliza y no hay mucho/ que nos pueda desintoxicar//
así que piensas/ que lo tienes muy seguro/ más valdría que tu lengua fuera honesta/ porque no queremos verlo hundirse/ otra vez//
ya que sabes/ de qué trata el juego/ estás dispuesto a seguir/ lanzando los dados/ todo es cuestión de azar/ afirmas/ que sea el azar, pues/ quien dicte tu sentencia/ y destino//
algunas noches/ en aquella ciudad extraña/ eran exactamente como esta/ el mismo hedor/ la misma temperatura/ los mismos ruidos/ la misma ausencia/ la misma danza cósmica//
en aquel entonces/ tuve un sueño/ en el que había nacido un siglo antes/ y te plasmaría/ en cinta de celuloide//
mientras seguía soñando/ aunque en el mundo/ de la realidad/ me coloqué sobre tí/ y te besé con la pasión de los 20's/ una noche/ auténticamente/ inolvidable/ mas/ de lo que pasaba/ tú no sabías nada//
pero las noches/ fuera del cobijo de la cama propia/ siempre serán anormales/ tal como lo es esta/ tal como en la que llegué al hotel/ derramando vodka por los poros/ y dormí un par de horas en la recepción/ antes de acomodarme en mi cama//
sin embargo no habrá una sola noche/ en la que no recuerde/ cuando se rindió ante mí/ a pesar de su inseguridad/ o cuando mi cordura se quebró ante ella/ tras esos recuerdos/ sólo queda polvo y moho//
Creo que la sensibilidad es una cuestión nata. Seguro alguien ya lo dijo y lo explicó de manera profunda, ahondando en cada punto que encontraba. Confieso que a mí me conmueven -en ocasiones a punto de llanto- cosas como ver a un niño pequeño abrazar a sus padres o a un anciano disfrutar el tiempo con su enorme familia. La sensibilidad varía. La pasión también. Sólo si algo me interesa de verdad puedo entregarme del todo. Soy escéptico y huraño. Pero también puedo perder la cabeza por una de esas cosas. Cuando digo "darlo todo", me refiero también a mi cordura. Mi pasión consiste en actuar y entregar demasiado por un proyecto que fracasará al final. Mi propia vida es uno de esos proyectos. Quiero ir a la guerra, no para matar gente o para luchar por mi bandera u otros pretextos absurdos, sino para sentir mi vida en peligro. Aunque sería mejor tener que cazar animales para comerlos y acaso morir en su fauces. Ahora uno caza dinero y compra (los más afortunados) los alimentos en el supermercado. Los hombres de ahora no cazamos bestias salvajes, sino nuestras propias vidas. Las armas son nuestros colmillos que clavaremos en los cuellos de alguien más hasta inmovilizarlo, así obtenemos lo que queremos. Y en otro nivel, hemos dejado de ser cazadores para convertirnos en presas eternas. Occidente nos ha enseñado (y ha contaminado a Oriente) que para ser alguien debemos lograr fama. Un imbécil que se clave las pelotas en una tabla de madera en televisión o una escuálida lagartija rubia, tienen más posibilidades de sobrevivir. A eso nos han enseñado a aspirar. Seamos personajes extraños todos, aunque no aparezcamos en tele. Soy un perdedor, y a pesar de que mi cuarto huele a nido de ratas, mi subconsciente le dice a mi cerebro que mi nariz percibe el aroma de ese perfume.