31.7.07

Escéptico

Si me suelto por un momento
de la cornisa de la realidad
científica
y pongo los pies
en el suelo fangoso de la fe
puedo creer,
sólo por ese instante,
en que dentro de nosotros
guardamos un alma
y que lo que somos no es el
resultado
de impulsos eléctricos,
ni de reacciones químicas
o de nuestro entorno,
ni de nuestras
experiencias.

Una noche como esta
en la que me desprendo
de la razón
supe que una mujer había
visto y escuchado
un alma.

Tangible, ruidosa y quebradiza alma
la vio derramarse por su bocina
telefónica.
La vio escurrir hasta el suelo
y hacer charcos.

Tomó esa alma, la acarició
y mimó por un rato.
Jamás vio nada como un alma dormida.

Cuando todo hubo pasado
esta pequeña alma regresó
a mi cuerpo.

La ciencia y la razón volvieron,
hasta cierta paz regresó.
Pero ella no.

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