3.8.07

Antes fue mejor.

Creo que la sensibilidad es una cuestión nata. Seguro alguien ya lo dijo y lo explicó de manera profunda, ahondando en cada punto que encontraba. Confieso que a mí me conmueven -en ocasiones a punto de llanto- cosas como ver a un niño pequeño abrazar a sus padres o a un anciano disfrutar el tiempo con su enorme familia. La sensibilidad varía. La pasión también. Sólo si algo me interesa de verdad puedo entregarme del todo. Soy escéptico y huraño. Pero también puedo perder la cabeza por una de esas cosas. Cuando digo "darlo todo", me refiero también a mi cordura. Mi pasión consiste en actuar y entregar demasiado por un proyecto que fracasará al final. Mi propia vida es uno de esos proyectos. Quiero ir a la guerra, no para matar gente o para luchar por mi bandera u otros pretextos absurdos, sino para sentir mi vida en peligro. Aunque sería mejor tener que cazar animales para comerlos y acaso morir en su fauces. Ahora uno caza dinero y compra (los más afortunados) los alimentos en el supermercado. Los hombres de ahora no cazamos bestias salvajes, sino nuestras propias vidas. Las armas son nuestros colmillos que clavaremos en los cuellos de alguien más hasta inmovilizarlo, así obtenemos lo que queremos. Y en otro nivel, hemos dejado de ser cazadores para convertirnos en presas eternas. Occidente nos ha enseñado (y ha contaminado a Oriente) que para ser alguien debemos lograr fama. Un imbécil que se clave las pelotas en una tabla de madera en televisión o una escuálida lagartija rubia, tienen más posibilidades de sobrevivir. A eso nos han enseñado a aspirar. Seamos personajes extraños todos, aunque no aparezcamos en tele. Soy un perdedor, y a pesar de que mi cuarto huele a nido de ratas, mi subconsciente le dice a mi cerebro que mi nariz percibe el aroma de ese perfume.

1 comentario:

Anónimo dijo...

op
ji
hujny
jfy